Casa en El Arrayán. Un gran podio cuadrado sobre los Andes manifiesta la presencia del hombre sin interrumpir la continuidad del paisaje.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Autor
Luis Izquierdo W., Antonia Lehmann S.B.
Colaboradores
Calculistas Luis Soler P. y Asociados

Ubicación
El Arrayán, Santiago de Chile
Superficie edificada
260 m2
Año
1984-1985

Fotografía
Luis Izquierdo

Esta casa se ubica en un lote de 15.000 m2 en la precordillera de Santiago, en torno a la cima de una pequeña colina inmersa entre montañas. Este terreno accidentado es valioso para establecerse disponiendo de una superficie plana y regular. Primeramente, entonces, surgió la proposición de crear un lugar abierto, amplio elevado y cuadrado: un gran podio para la persona erguida, centro desde donde domine el paisaje en todas direcciones. Éste es el patio al cual se llega, al fin de un recorrido largo, sinuoso y ascendente, desde la ciudad. El salón abierto y el plano de acceso de la casa.

La sala de estar y acceso se dispone como único volumen vidriado que comparte las vistas panorámicas en 360˙ del patio, actuando como nexo espacial y de uso entre el plano superior y el resto del programa subterráneo. Todos los otros recintos, donde se vive la cotidianidad, se recogen en la planta baja, que abraza la colina de modo que, coincidiendo con la cima de ésta, la losa de cubierta constituye el piso del patio superior. La circulación en esta planta se desarrolla junto al muro de contención que va curvándose por el contorno de la colina. En oposición al plano superior, en el que uno queda referido al aire y la lejanía, en el nivel inferior, el contacto es con la masa inmediata de la tierra contenida por el muro curvo de hormigón visto. Éste se interrumpe frente a las tres grutas húmedas, de piedra y vegetación, por las que se sube hacia el patio.

El trazado del cuadrado mayor queda definido por las cotas de nivel del terreno, minimizando el corte de la excavación, y corresponde al volumen de la colina y a la dirección de la loma. La rotación del volumen menor, de dos pisos, respecto al cuadrado mayor, corresponde a la dirección del cajón cordillerano que remata en el nevado “Altar”. Este giro de la cabeza del edificio obedece también a la presencia de la próxima colina a lo largo de la loma, que está en primer plano.

La estructura regular de pilares y marcos de hormigón se posa sobre el sitio. Los elementos de relleno, zócalo, pavimentos y muros, que son de ladrillo rústico, aparecen surgiendo del terreno. El hormigón se tiñó en su masa con pigmentos rosado – azulosos, que es el colorido que toma la cordillera en la tarde. El color en el hormigón se hace más intenso con la humedad, cambiando con el paso de las estaciones.

El terreno natural circundante se ha querido dejar en general intocado, quedando el área de jardín regado restringido al patio, por falta de agua. Este plano va plantado de pasto como una sábana verde y tersa, suspendida sobre la masa de tierra ondulada. El patio está bordeado por un espejo de agua que corta el plano de pasto contra el reflejo del cielo, en sustitución de baranda.

Quisimos con este proyecto dar fuerte cuenta de la presencia del hombre, sin romper con la continuidad natural del paisaje.